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PARQUE NATURAL DE OYAMBRE
PN-2
Nombre
Parque Natural de Oyambre
Localización
Litoral y prelitoral de la costa occidental de Cantabria
Superficie
5.782 ha.
Altitud
Desde el nivel del mar hasta 300 m.
Municipios
Val de San Vicente, San Vicente de la Barquera, Comillas, Udías y Valdáliga
Figura de protección
Ley de Cantabria 4/1988, de 26 de octubre, por la que se declara Oyambre Parque Natural, modificada por la Ley de Cantabria 4/2006, de 19 de mayo, de Conservación de la Naturaleza de Cantabria.
Otra figuras de protección
LIC de rías occidentales y dunas de Oyambre
Ver el interactivo
San Vicente de la Barquera desde la Iglesia de Santa María de los Ángeles

Ver el interactivo
Ría de San Vicente de la Barquera

ACCESOS
El acceso principal se realiza a través de la Autopista del Cantábrico, salida a San Vicente de la Barquera.

Un segundo acceso es a través de la carretera C-6316 Comillas-La Revilla por la que se llega a la ría de la Rabia.

 

MEDIO FISICO

Climatología
El Parque Natural de Oyambre presenta un clima suave del tipo templado-húmedo. La temperatura media anual es en toda la extensión del Parque superior a los 14 ºC, y las precipitaciones se sitúan entorno a los 1.000-1.200 mm anuales. En el extremo sur, donde se encuentran las cotas más altas de este espacio natural protegido, las precipitación media anual asciende hasta 1.200-1.400 mm.
Enero es el mes más frío, con temperatura media de 9,1º C y agosto, por el contrario, el mes más cálido, presentando una temperatura media mensual de 18,9ºC.
La distribución de las lluvias a lo largo del año y el suave régimen térmico favorecen el desarrollo de una cubierta vegetal siempre verde que permiten una intensa actividad agroganadera.

Geología
El Parque de Oyambre ofrece un muestrario geológico de gran interés. En el tramo litoral del Parque afloran rocas representativas de las eras Primaria, Secundaria y Terciaria. En el entorno de Tina Mayor y Tina Menor afloran calizas y cuarcitas de la Era Primaria que, gracias a su elevada resistencia a la erosión, forman acantilados verticales y relieves como las “sierras planas”. Entre los materiales pertenecientes a la Era Terciaria podemos destacar las margas depositadas en la ría de La Rabia y las areniscas calcáreas, conglomerados y calizas que afloran entre las playas de Merón y Gerra.
La disposición estructural de los terrenos es bastante compleja, con cabalgamientos, es decir, con superposición de rocas más antiguas sobre otras más modernas que han sido desplazadas a favor de una fractura.
Los estuarios de San Vicente de la Barquera y La Rabia representan dos enclaves costeros de gran importancia geológica. Así, la ría de San Vicente, asentada sobre un complejo sistema de fallas, es uno de los dieciséis puntos de interés geológico de Cantabria.

Hidrología
Los dos estuarios que configuran el Parque Natural de Oyambre, el de la ría de San Vicente de la Barquera y el de la ría de la Rabia, se subdividen en dos brazos cada uno, que dan lugar, en el primer caso, a las marismas de Pombo y Rubín, y en el segundo, a las marismas de Zapedo y a la ría de la Rabia.
El sistema fluvial está formado por el río Rivero que fluye desde el Monte Corona y alimenta la marisma de La Rabia; el río Capitán con origen también en el Monte Corona sustentando la ría de su mismo nombre; el río Escudo, el más caudaloso, proviene de la Sierra del Escudo de Cabuérniga y aporta su curso a las marismas de San Vicente de la Barquera y a la de Rubín; finalmente, el río Gandarilla desemboca en la marisma de Pombo y nace, como el Escudo, en la Sierra del Escudo.

 

MEDIO BIÓTICO

Ecosistemas
La variada representación de especies y hábitats característicos del litoral cantábrico convierten a Oyambre en uno de los espacios naturales protegidos de la región con mayor valor de conservación. En unos pocos kilómetros conviven ambientes diversos. Desde el borde acantilado del cabo Oyambre hasta el entorno forestado de Corona aparece un amplio espectro de unidades de paisaje, cada una con sus rasgos de identidad asociados a los condicionantes edáficos, topoclimáticos o geomorfológicos que definen sus caracteres.

Rías y estuarios
Con la excepción que supone la zona acantilada de Oyambre y Punta del Oeste, entre Comillas y San Vicente de la Barquera predomina un tipo de costa baja de acumulación, arenosa, de ría y de marisma. El Parque Natural cuenta con dos estuarios, el de la Ría de San Vicente de la Barquera, formado por dos cuerpos que se corresponden con las marismas de Pombo (abastecida por el río Gandarillas) y Rubín (que recibe al río Escudo), y el de la Ría de la Rabia, formado por otros dos cuerpos, como son el de la ría Capitana (abastecida por el río Capitán) y el de la ría de la Rabia (que recibe al río Turbio), donde se encuentran las marismas de Zapedo. Se trata de la zona de convergencia e intercambio de aguas dulces y saladas, que sustenta diversas comunidades biológicas: mientras hacia el interior predominan los sedimentos fangosos, interrumpidos por canales que quedan visibles en las bajamares, hacia la desembocadura presentan extensos arenales.
La formación del estuario deriva de procesos asociados a los cambios de nivel del mar y de la acción modeladora, de excavación y acumulación de los ríos. El río arrastra sedimentos y partículas orgánicas, mientras el mar aporta arenas y organismos marinos.
Desde el punto de vista geomorfológico un estuario es un valle continental sumergido en aguas marinas (o lacustres) afectado por las variaciones diarias del nivel del mar debido a una topografía favorable a tal fenómeno.
Las marismas presentan aspecto de llanuras litorales bajas, acogidas a ensenadas de abrigo cerradas por barras arenosas. En ellas se distinguen al menos dos sectores: pantanoso y muy activo desde el punto de vista geomorfológico el más externo, toda vez que es alcanzado diariamente por la pleamar; más estable el sector interno, donde las mareas altas sólo llegan ocasionalmente, tendente además a la colmatación (por el aporte sedimentario de arrastre fluvial), a la colonización vegetal y a la integración en la zona prelitoral, fuera del alcance directo de la acción marina.
En las zonas sumergidas y junto a distintas especies de algas, aparecen praderas de la fanerógama marina hierba de mar (Zostera noltii); en la zona intermareal aparece una vegetación de afinidades salobres dominada por el espartinal de Spartina maritima donde están presentes también otras especies vegetales características del marjal salino como la berdolaga marina (Halimione portulacoides), el limonio (Limonium humile) o la salicornia (Salicornia ramosissima); en la zona superior, próxima al medio continental aparece una vegetación de juncos (Juncus maritimus), juncias (Scirpus maritimus) y carrizales (Phragmites australis).
Las excepcionales características de estos ambientes derivan de una combinación de factores físicos que difícilmente confluyen: el carácter protegido, la salinidad intermedia entre las aguas continentales y las marinas, la penetración de la luz que permite la escasa profundidad de la lámina de agua y el crecimiento de plantas bentónicas que se le asocia, el eficaz transporte para la vida planctónica y la regulación de funciones de alimentación y reproducción que permite el ritmo de las mareas.

Landas litorales y acantilados
En el extremo Norte del Parque se desarrolla un conjunto de acantilados sobre los que acontecen importantes procesos de karstificación que dan lugar en la franja inmediata al borde costero a campos de dolinas o amplios lapiaces. La vegetación se distribuye en bandas en función de las diferentes condiciones ambientales. En el borde costero la salinidad es el factor más limitante. Implica el desarrollo de comunidades muy especializadas, que arraigan en las elevadas pendientes de los acantilados. En la zona más expuesta sin apenas suelo, sobre las grietas de la caliza, se asientan el hinojo marino (Crithmun maritimum), el llantén de mar (Plantago maritima), el ajo silvestre (Allium ericethorum) y el salvio (Inula crithmoides). Cuando el suelo alcanza cierto grado de desarrollo, algo más lejos de la influencia directa del mar, aparecen gramíneas y especies como la esparraguera (Asparagus prostratus). La formación de mayor interés es la landa atlántica de la parte superior del acantilado, no tan expuesta ya a la acción directa del oleaje como al viento, donde destacan los brezales secos atlánticos de Erica vagans, formaciones de tojo (Ulex europaeus) y otros brezales con aliagar de Genista hispanica subs.. occidentalis.
Sobre el propio acantilado del cabo Oyambre, en la zona culminante, y cuando algún resalte rocoso permite una mínima protección del hálito marino, es posible discernir la presencia aislada o en pequeños matorrales de alguna especie mediterránea que en principio podría resultar inesperada en este ámbito cantábrico. Llama especialmente la atención la recortada silueta de los olivos silvestres o acebuches (Olea europaea var. sylvestris) de la zona culminante del cabo, una especie de menor porte que el olivo, resistente a la sequedad edáfica pero que difícilmente soporta períodos de helada intensos. Aparecen también vides silvestres (Vitis vinifera subs.sylvestris), laureles (Laurus nobilis), rosales silvestres (Rosa pimpinellifolia) y aladiernos (Rhamnus alaternus) e incluso pequeños ejemplares de rebollo (Quercus pyrenaica).


Playas y sistemas dunares
Las grandes playas de Merón y Oyambre, y las más modestas de Santillán, El Tostadero,La Maza y El Rosal conforman una de las unidades de paisaje más características del Parque Natural. El sistema dunar se caracteriza por acoger a una comunidad vegetal exclusiva de suelos arenosos e inestables en ambientes afectados permanentemente por el viento y el hálito marino. La oruga de mar (Cakile maritima), la corregüela de mar (Polygonum maritimum), y la arenaria de mar (Honkenya peploides), ocupan la preduna, en la zona más próxima a la línea de pleamar que sólo se inunda periódica y parcialmente durante las mareas más intensas; las dunas móviles e inestables son colonizadas por la grama marina (Elymus farctus), la lechetrezna de mar (Euphorbia paralias), el cardo de mar (Eryngium maritimum) o la campaneta (Calystegia soldanella). En las dunas secundarias, menos afectadas por la salinidad, resulta dominante la presencia del barrón (Ammophila arenaria), mientras en las dunas fijas, integradas ya por suelos con más materia orgánica destacan la manzanilla bastarda (Helichrysum stoechas), la clavelina (Dianthus hyssopifolius), el nardo marino (Pancratium maritimum), o el rabillo de zorro (Koeleria glauca).


Praderías
El fondo paisajístico de Oyambre lo constituyen las extensas praderías que ocupan los suaves relieves de la marina. Los prados de siega se consolidan aquí durante el siglo XIX con la generalización de los usos ganaderos del espacio, son una obra del hombre, y ocupan ámbitos que con anterioridad estuvieron colonizados por las formaciones de frondosas propias de este ambiente. Las especies vegetales más comunes son gramíneas como Lolium perennis, Dactylis glomerata, Bromus mollis o Cynosurus cristatus. Los linderos, conformados por saúcos, peralillos silvestres, avellanos, sauces y majuelos constituyen un singular ámbito de alimento, refugio y nidificación para un buen número de paseriformes.


El monte Corona
Corona es un antiguo cajigal destinado parcialmente desde los años cuarenta del siglo pasado a la explotación forestal con especies de crecimiento rápido. Las manchas de bosque autóctono conviven con las especies maderables, entre las que cabe destacar la presencia mayoritaria del eucalipto (Eucaliptus globulus), utilizado como materia prima para elaborar pasta de papel, al que acompañan el pino insigne (Pinus radiata) y el roble americano (Quercus rubra). Existen también pequeñas plantaciones de singularidad forestal, que en la etapa de posguerra se cultivaron aquí a modo experimental.
La superficie del grupo Corona incluida en el Parque Natural es de 1.231,37 ha, distribuida entre los montes Dehesa de Rubarbón, Canal de Villeras, Cuesta Canales y Corona, Caviedes y Canal de San Antonio, Lamadrid y Larteme de las Tasugueras.
Las primeras referencias directas a la gestión forestal en esta zona datan de la primera mitad del siglo XVIII, cuando se establece mediante Real Ordenanza promulgada por Fernando VI que todos los montes que se encontraran a menos de 25 leguas de la costa o ríos navegables pasasen a depender de la administración de los intendentes de marina.
Este hecho determinó una primera inventariación de los montes afectados y el inicio de cortas por entresaca. Las extracciones alcanzaron su punto álgido con la creación del Real Astillero de Guarnizo y las fábricas de artillería de Liérganes y La Cavada, y decayeron notablemente con la crisis posterior del sector naval, aunque se mantuvieron las extracciones ligadas a la actividad del puerto barquereño y a los quehaceres tradicionales como la construcción, la tonelería o la elaboración de carbón vegetal.
Las masas conservadas de frondosas constituyen un buen modelo para reconocer el modo en que se organiza cada tipo de bosque en este medio atlántico de transición hacia la media montaña. Allí donde el haya se erige dominante, esta especie muestra su carácter competitivo y el bosque se torna prácticamente mono específico. En cambio en las áreas de robledal, donde la luz penetra con mayor facilidad a los estratos inferiores del bosque, la biodiversidad aumenta, y el dosel arbustivo y herbáceo que acompaña a las cajigas es significativo.
La fase de transición entre la ocupación generalizada por los antiguos robledales hacia y lo que más tarde serían los usos actuales del monte, viene dado por una tremenda plaga de oidio blanco que acabó con varios millares de robles en el año 1907.

A partir de la década de los cuarenta la intención gubernamental de mantener una política autárquica, restringiendo la dependencia exterior y limitando la factura de importaciones, afecta de manera directa a los usos forestales. El deseo de dar al monte una mayor preponderancia en tanto generador de riqueza y recursos económicos pone sobre la mesa la opción de las plantaciones con especies de crecimiento rápido. La creación del Patrimonio Forestal del Estado, la constitución del Servicio de Montes en 1938, y la aprobación del Plan General de Repoblación en 1939 fueron algunas de las medidas adoptadas para ampliar la superficie arbolada del país. En el año 1942 se constituyó el consorcio del monte Corona con el Patrimonio Forestal del Estado, dando comienzo al proceso de ordenación del mismo.

Arroyos y bosque de ribera
Una nutrida representación de ambientes ribereños se encuentra junto a los breves cauces que atraviesan el Parque. En el entorno inmediato de los ríos Gandarilla, Escudo, Capitán y Turbio se desarrollan formaciones de galería integradas por alisos (Alnus glutinosa) sauces (Salix atrocinerea), avellanos (Corylus avellana), fresnos (Fraxinus excelsior), o majuelos (Crataegus monogyna). El cortejo herbáceo en aguas menos profundas está dominado por la presencia de la salicaria (Lythrum salicaria) o el nabo del diablo (Oenanthe crocata). Allí donde aparece alguna tendencia al remansamiento de la corriente se encuentran los carrizales (Phragmites australis) acompañados de eneas (Typha latifolia), mientras los prados circundantes acogen agrupaciones de lirios amarillos (Iris pseudacorus).

Fauna
Dos factores resultan determinantes para explicar la riqueza faunística de Oyambre. Por un lado la estratégica situación geográfica que lo convierte en un lugar de paso obligado para numerosas especies de aves migratorias. No en vano en el Parque están citadas casi doscientas especies de aves. Por otra parte, la enorme diversidad de ecosistemas, desde los acantilados costeros hasta las formaciones boscosas de Corona, pasando por playas y dunas, rías o estuarios, marismas fangosas, cañaverales, junqueras, sotos arbustivos o praderías, ha permitido el mantenimiento de una comunidad de vertebrados muy representativa de las condiciones originales en los ambientes litorales, costeros y de estuario del litoral cantábrico.

En las rocas que quedan al descubierto durante la bajamar existe gran abundancia de invertebrados; en el espacio intermareal son frecuentes las concentraciones de correlimos, andarríos, chorlitejos, archibebes o gaviotas, que aprovechan los alimentos depositados alternativamente por las rías y el oleaje. El cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis), la gaviota patiamarilla (Larus cachinans), el halcón peregrino (Falco peregrinus) o la chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) encuentran refugio en los acantilados. En las dunas aparecen vertebrados como la musaraña (Crocidura russula) o la lagartija roquera (Podarcis muralis) que se alimentan de las poblaciones de insectos del arenal.

En los estuarios las condiciones de vida son duras, y los organismos acuáticos han desarrollado diversas estrategias para sobrevivir a la falta de agua durante la bajamar: unos optan por enterrarse, como gusanas y cangrejos, mientras otros se encierran en sus conchas, como navajas o almejas. El hombre ha aprovechado tradicionalmente este fenómeno, practicando el marisqueo sobre los moluscos filtradores que viven enterrados en el fango, principalmente berberechos, chirlas, almejas o navajas.
Las aves limícolas, especializadas en este ambiente fangoso, donde se alimentan en bajamar, son muy habituales. Las especies más numerosas son el correlimos común (Calidris alpina), el zarapito real (Numenius arquita), la aguja colinegra (Limosa limosa), el chorlitejo grande (Charadrius hiaticula) y el chorlito gris (Pluviales squatarola). No faltan avocetas (Recurvirostra aboceta), cigüeñuelas (Himantopus himantopus), o combatientes (Philomachus pugnax). Gaviotas, patos, garzas y cormoranes comparten también este ambiente.

En la marisma, donde la salinidad es menor y más estable, se desarrollan formaciones de vegetación palustre. Aparece con frecuencia la anguila y es habitual la presencia del carricero común (Acrocephalus scirpaceus), rascón (Rallus aquaticus), el andarríos chico (Actitis hypoleucos), el ánade azulón (Anas platyrhynchos) o el zampullín común (Tachybaptus ruficollis). En ocasiones se aprecia la presencia de la garza real (Ardea cinerea), la garceta común (Egretta garcetta), o el águila pescadora (Pandion haliaetus), incluso, en los inviernos más inclementes, cisnes o barnaclas carinegras (Branta bernicla).

Finalmente en las praderías litorales, áreas de reposo tras el viaje migratorio, abundan bisbitas y lavanderas, y son habituales avefrías (Vanellus vanellus), o chorlitos dorados (Pluviales apricaria).
Frente a la naturalidad contrastada del frente litoral, los ambientes de transición hacia las áreas montanas del interior han sufrido un intenso proceso de transformación, ocupación y explotación. Allí donde se han conservado enclaves inalterados, con formaciones autóctonas de frondosas, está representada la práctica totalidad de la comunidad faunística del bosque cántabro. El tejón (Meles meles), la marta (Martes martes), la ardilla (Sciurus vulgaris), el lirón gris (Glis glis), la salamandra (Salamandra salamandra) o la rana bermeja (Rana temporaria) son muy comunes. Entre las aves destaca la presencia del azor (Accipiter gentilis), el gavilán (Accipiter nisus), el cárabo (Strix aluco), el arrendajo (Garrulus glandarius) o el zorzal común (Turdus philomelos). En las plantaciones maderables la presencia de fauna es reducida siendo uno de los refugios del zorro (Vulpes vulpes) y hábitat ocasional del pico picapinos (Dendrocopos major).

Los prados constituyen un hábitat preferente del Parque Natural, por su gran extensión a expensas de un tradicional uso intensivo con fines ganaderos, y por la gran riqueza faunística que acogen. Aquí abundan topos, ratillas, bisbitas, lavanderas, y es frecuente la presencia del ratón espiguero (Micromys minutus) y el lución (Anguis fragilis).
La vegetación arbustiva que conforma setos y linderos entre fincas supone una importante reserva de vida silvestre. Erizos (Erinaceus europaeus), musarañas, ratones, sapos, culebras, comadrejas (Mustela nivalis), ginetas (Genetta genetta), lagartos verdinegros (Lacerta screiberi), petirrojos (Erithacus rubecula), cucos (Cuculus canorus), alcaudones dorsirrojos (Lanius collurio), currucas, mosquiteros, papamoscas, jilgueros o mirlos conforman una compleja comunidad que bordea los campos de cultivo y contribuye al control de plagas y desequilibrios en el ecosistema.
Esta comunidad ocupa también los ámbitos ribereños de los arroyos que drenan los relieves de Corona, donde aparecen asimismo el camachuelo (Pyrrhula pyrrhula), el martín pescador (Alcedo atthis), el carbonero palustre (Parus palustris), el mosquitero iberico (Phylloscopus ibericus), la rana pasilarga (Rana iberica) o el tritón alpestre (Mesotriton alpestris).


MEDIO SOCIOECONOMICO

El Parque Natural de Oyambre se extiende sobre cinco municipios del sector occidental de Cantabria: Val de San Vicente, San Vicente de la Barquera, Comillas, Udías y Valdáliga.

Características generales de población
Las cifras de población correspondientes al año 2006 muestran que en los municipios del Parque residen 12.887 habitantes, un tercio de los cuales se encuentra concentrado en San Vicente de la Barquera. Por el contrario, Udías es el municipio con menor población.

MUNICIPIOS
POBLACIÓN

Comillas

2.469
San Vicente de la Barquera
4.491
Udías
843
Val de San Vicente
2.670
Valdáliga
2.414
TOTAL
12.887

Los municipios que componen el Parque Natural de Oyambre se pueden distinguir en función de su tendencia demográfica a lo largo del siglo XX: creciente en San Vicente de la Barquera, regresiva en Comillas y Valdáliga, y en último caso, Val de San Vicente y Udías, que tras diversas variaciones presentan el mismo tamaño poblacional en la actualidad que hace 100 años.

Por un lado, se encuentra San Vicente de la Barquera, cuya población ha aumentado de forma constante el pasado siglo, llegando a duplicar sus habitantes, que en 1900 eran 1.769 y en al año 2001 alcanzaban los 4.440.

Comillas y Valdáliga comparten el crecimiento negativo de su población, más significativo en el segundo de estos municipios. Mientras que aprinipios de siglo ambos eran los municipios más poblados, hoy en día es San Vicente de la Barquera el que ostenta mayor número de habitantes. La segunda mitad del siglo XX supuso para Váldaliga una constante pérdida demográfica, cuyo resultado fue pasar de casi 4.000 habitantes a 2.500. Hasta el año 1950, Comillas presentó una tendencia creciente de población, seguida de un fuerte descenso, del que se recuperó entre 1970 y 1990. En la actualidad, este municipio vuelve a mostrar un periodo demográfico decreciente.

La población de Udías creció de forma importante en las primeras décadas del siglo XX, a partir de las cuales su población comenzó a descender. Desde 1980 el crecimiento demográfico se ha visto estancado. Por su parte, Val de San Vicente ha sufrido continuos aumentos y descensos de su población, alcanzando en 1960 el mayor número de habitantes: 3.081. Tras la última pérdida de efectivos poblacionales producida entre los años 1960-1980, el municipio presenta una tendencia al alza, que iguala la población actual a la de principios del siglo XX.

Las actividades económicas de la población
El sector económico predominante en la zona es el sector terciario que proporciona trabajo a alrededor de la mitad de sus habitantes. Las actividades turísticas tienen gran importancia en estos municipios, especialmente en Comillas y San Vicente de la Barquera, dos de los más importantes enclaves turísticos de la costa occidental de Cantabria.

En Comillas el turismo alcanzó su época dorada en el siglo XIX, con las visitas del rey Alfonso XII y algunos aristócratas, y posteriormente, gracias a la inauguración del Seminario Pontificio de Comillas.

San Vicente de la Barquera ha sido tradicionalmente un municipio pesquero. Sobre su puerto ha girado el desarrollo de esta villa, puerto que a pesar de registrar en los últimos años un continuo descenso del volumen de capturas, sigue siendo uno de las más importantes de la región.
En Valdáliga también se ha impuesto el sector terciario como la principal actividad económica, aunque las actividades agropecuarias siguen manteniéndose como otra base económica fundamental para los habitantes del municipio.

Patrimonio cultural
Entre las numerosas localidades que se encuentran en el entorno de este Parque Natural destacan dos: Comillas y San Vicente de la Barquera, por su riqueza en patrimonio histórico y artístico.

El casco antiguo de San Vicente de la Barquera, denominado la Puebla Vieja, fue declarado conjunto histórico-artístico en 1987. En él se concentra la mayoría de los edificios de interés, rodeados por una muralla de poca altura de la que aún quedan algunos tramos y puertas del siglo XVI son los puentes de la Maza y el Peral, el antiguo castillo y la iglesia parroquial. El patrimonio de San Vicente se completa con la iglesia de Santa María de los Ángeles; la casa renacentista del inquisidor Antonio del Corro; el ayuntamiento (antiguo hospital de la Concepción); las ruinas del antiguo convento franciscano de San Luis, del VXI; y la ermita de la Virgen de la Barquera, de la que parte la procesión marinera que tiene lugar durante la fiesta de La Folía.

Comillas, declarada conjunto histórico-artístico, cuenta entre sus monumentos más relevantes con la iglesia parroquial de San Cristóbal. Las edificaciones mayor interés de este municipio, entre las que se encuentra el conjunto de Sobrellano, la Universidad Pontificia, y El Capricho del arquitecto Antonio Gaudí, fueron impulsadas por los marqueses de Comillas durante el siglo XIX.

Val de San Vicente posee restos de arte rupestre del paleolítico, localizados en la cueva de la Fuente del salín. En este término hay que señalar también la torre de Estrada y diversos conjuntos de arquitectura popular como las casonas de Pesués.

En Oyambre existe una inscripción en un pequeño monolito que puede resumir perfectamente la historia relacionada con los pioneros de la aviación que tuvo en este lugar gran protagonismo. "Es ésta la playa donde aterrizó el primer avión trasatlántico que toco tierra española. Se trataba del pájaro amarillo en vuelo directo desde Old Orchad (EEUU) y tripulado por Sollant, Lefebre y Ltti, 10 de junio de 1.929."

 

Ría de Tina Menor

Martín pescador

Ría de San Vicente de la Barquera

FLORA    
Árboles Abeto de Douglas Pseudotsuga menziesii
  Aladierno Rhamnus alaternus
  Alerce Larix x eurolepis
  Aliso Alnus glutinosa
  Alsina Quercus ilex ilex
  Avellano Corylus avellana
  Caciga Quercus robur
  Castaño Castanea sativa
  Castaño japonés Castanea crenata
  Eucalipto Eucaliptus globulus
  Fresno Fraxinus excelsior
  Majuelo Crataegus monogyna
  Pino americano Pinus radiata
  Roble americano Quercus rubra
  Pino blanco Pinus strobus
  Picea de Sica Picea sitchensis
  Rebollo Quercus pyrenaica
  Sauce Salix atrocinerea
  Secuoya Sequoia sempervivens
Arbustos Aliaga Genista hispanica subs. occidentalis
  Laurel Laurus nobilis
  Olivo silvestre Olea europaea var. sylvestris
  Rosal silvestre Rosa pimpinellifolia
  Tojo Ulex europaeus
  Vid silvestre Vitis vinifera subs.sylvestris
  Zarza Rubus ulmifolius
Plantas Ajo silvestre Allium ericethorum
  Arenaria de mar Honkenya peploides
  Berdolaga marina Halimione portulacoides
  Campaneta Calystegia soldanella
  Cardo de mar Eryngium maritimum
  Carrizo Phragmites australis
  Clavelina Dianthus hyssopifolius
  Corregüela de mar Polygonum maritimum
  Enea Typha latifolia
  Grama marina Elymus farctus
  Juncias Scirpus maritimus
  Junco Juncus maritimus
  Hierba de mar Zostera noltii
  Hinojo marino Crithmun maritimum
  Lechetrezna de mar Euphorbia paralias
  Limonio Limonium humile
  Lirio amarillo Iris pseudacorus
  Llantén de mar Plantago maritima
  Manzanilla bastarda Helichrysum stoechas
  Nabo del diablo Oenanthe crocata
  Nardo marino Pancratium maritimum
  Oruga de mar Cakile maritima
  Rabillo de zorro Koeleria glauca
  Salicaria Lythrum salicaria
  Salicornia Salicornia ramosissima
  Salvio Inula crithmoides
FAUNA    
Aves Agachadiza común Gallinago gallinago
  Águila pescadora Pandion haliaetus
  Aguja colinegra Limosa limosa
  Alcaudón dorsirrojo Lanius collurio
  Ánade friso Anas strepera
  Ánade real Anas platyrhynchos
  Ánade silbón Anas Penélope
  Andarríos chico Actitis hypoleucos
  Arrendajo Garrulus glandarius
  Avefría Vanellis vanellus
  Avoceta Recurvirostra aboceta
  Azor Accipiter gentilis
  Barnacla carinegra Branta bernicla
  Camachuelo Pyrrhula pyrrhula
  Cárabo Strix aluco
  Carbonero palustre Parus palustris
  Carricero común Acrocephalus scirpaceus
  Cerceta común Anas crecca
  Chorlitejo grande Charadrius hiaticula
  Chorlito dorado Pluviales apricaria
  Chorlito gris Pluviales squatarola
  Chova piquirroja Pyrrhocorax pyrrhocorax
  Cigüeñuela Himantopus himantopus
  Combatiente Philomachus pugnax
  Cormorán grande Phalacrocorax Carbo
  Cormorán moñudo Phalacrocorax aristotelis
  Correlimos común Calidris alpina
  Cuco Cuculus canorus
  Focha Fulica atra
  Gallineta común Gallinula chloropus
  Garceta común Egretta garzetta
  Garza real Ardea cinerea
  Gavilán Accipiter nisus
  Gaviota patiamarilla Larus cachinnans
  Halcón peregrino Falco peregrinus
  Martín pescador Alcedo athis
  Mirlo acuático Cinclus cinclus
  Mosquitero ibérico Phylloscopus ibericus
  Pato cuchara Anas clypeata
  Petirrojo Erithacus rubecula
  Pico picapinos Dendrocopos major
  Rascón Rallus aquaticus
  Zampullín chico Podiceps ruficollis
  Zampullín común Tachybaptus ruficollis
  Zarapito real Numenius arquita
  Zorzal común Turdus philomelos
Mamíferos Ardilla Sciurus vulgaris
  Comadreja Mustela nivalis
  Corzo Capreolus capreolus
  Erizo Erinaceus europaeus
  Gineta Genetta genetta
  Jabalí Sus scrofa
  Lirón gris Glis glis
  Marta Martes martes
  Musaraña Crocidura russula
  Nutria Lutra lutra
  Ratón espiguero Micromys minutus
  Tejón Meles meles
  Zorro Vulpes vulpes
Reptiles Lagartija roquera Podarcis muralis
  Lagarto verdinegro Lacerta screiberi
  Lución Anguis fragilis
Anfibios Rana bermeja Rana temporaria
  Rana pasilarga Rana iberica
  Salamandra Salamandra salamandra
  Tritón alpestre Mesotriton alpestris

Nutria

Corzo

Águila pescadora (Pandion haliaetus)

Salamandra (Salamandra salamandra)

San Vicente de la Barquera

San Vicente de la Barquera

Ánades rabudos (Anas acuta)

Garza real (Ardea cinerea)